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De la degradación del suelo a la regeneración: jacha inti y el camino hacia la producción sostenible de quinoa

El Altiplano Sur de Bolivia, conocido por su producción de «Quinua Real», ha sido testigo de un cambio drástico en las prácticas agrícolas tras el aumento de la demanda mundial de este grano desde 2008.

Pequeñas parcelas de quinua orgánica, principalmente destinadas a la subsistencia, han dado paso a operaciones a gran escala que utilizan tractores y pesticidas sintéticos. Este cambio ha mejorado significativamente la calidad de vida de más de 40,000 agricultores de la región, elevando sus ingresos para sacarlos de la pobreza extrema. Sin embargo, esta transformación también ha tenido un costo, resultando en la degradación del suelo, la disminución de los rendimientos y la presencia de pesticidas sintéticos en la mayoría de la quinua producida, poniendo en riesgo la competitividad de la quinua boliviana en el actual mercado globalizado. Para abordar estos desafíos, Jacha Inti, un procesador y exportador de quinua boliviano, se ha embarcado en un viaje transformador hacia la producción de quinua certificada como regenerativa.

El Cambiante Paisaje de la Producción de Quinua

Antes de 2004, la producción de quinua en el Altiplano Sur seguía prácticas tradicionales. Los agricultores sembraban la quinua a mano en laderas para proteger los cultivos de las heladas. La producción se limitaba a pequeñas parcelas de tierra, generalmente alrededor de 1 hectárea o 2.47 acres, y estaba destinada principalmente a la agricultura de subsistencia. Se empleaban métodos de agricultura orgánica, sin utilizar insumos sintéticos, y las parcelas de tierra estaban protegidas con cercas de piedra. Sin embargo, después de 2004, el calentamiento global creó condiciones favorables para que la quinua creciera en las tierras planas, lo que provocó un cambio significativo en las áreas de producción. Las explotaciones agrícolas se ampliaron, alcanzando entre 5 y 50 hectáreas (12 a 124 acres), y se consolidó la agricultura comercial. Los tractores y la labranza con disco se volvieron comunes, reemplazando los métodos tradicionales de siembra a mano. Desafortunadamente, esta transición también resultó en una reducción de los terrenos de pastoreo para llamas, una disminución en la población de llamas y una mayor dependencia de pesticidas y fertilizantes sintéticos importados.

Antes de 2004, la producción de quinua en el Altiplano Sur seguía prácticas tradicionales.
Los agricultores sembraban la quinua a mano en laderas para proteger los cultivos de las heladas. La producción se limitaba a pequeñas parcelas de tierra, generalmente alrededor de 1 hectárea o 2.47 acres, y estaba destinada principalmente a la agricultura de subsistencia.
Se empleaban métodos de agricultura orgánica, sin utilizar insumos sintéticos, y las parcelas de tierra estaban protegidas con cercas de piedra. Sin embargo, después de 2004, el calentamiento global creó condiciones favorables para que la quinua creciera en las tierras planas, lo que provocó un cambio

significativo en las áreas de producción. Las explotaciones agrícolas se ampliaron, alcanzando entre 5 y 50 hectáreas (12 a 124 acres), y se consolidó la agricultura comercial. Los tractores y la labranza con disco se volvieron comunes, reemplazando los métodos tradicionales de siembra a mano. Desafortunadamente, esta transición también resultó en una reducción de los terrenos de pastoreo para llamas, una disminución en la población de llamas y una mayor dependencia de pesticidas y fertilizantes sintéticos importados.

Abordando el Problema Principal: Sequías y Nuevos Desiertos

Los desafíos se hicieron evidentes a medida que los rendimientos de quinua disminuyeron y las tierras antes cultivables se transformaron en paisajes áridos y arenosos que se asemejaban a dunas de arena. Con una precipitación anual promedio de menos de 10 pulgadas por año (254 mm) y patrones de lluvia cambiantes debido al cambio climático, la agricultura de quinua en el Altiplano Sur enfrenta una amenaza significativa. Para abordar las preocupaciones planteadas por los agricultores sobre las pérdidas de cultivos debido a la sequía, Jacha Inti inició un programa de riego en 2015 con el apoyo de socios de la cadena de suministro y financiamiento, como Kellogg, Kashi, responsAbility Fund y ADM Cares.

El programa estableció con éxito cinco pozos y sistemas de riego, tres de los cuales estaban fuera de la red y equipados con paneles solares. Si bien se proporcionó alivio a unos pocos agricultores cercanos a los pozos, se hizo evidente la magnitud del desafío. Al trabajar con más de 160 productores dispersos en un área tan grande como 73,983 kilómetros cuadrados, Jacha Inti reconoció la necesidad de un enfoque más integral para abordar las condiciones degradantes del suelo. Las prácticas agrícolas convencionales, como el uso de arados de disco y la labranza agresiva, estaban provocando erosión, pérdida de materia orgánica y volvían al suelo vulnerable a la erosión eólica. Para responder a esta emergencia, Jacha Inti lanzó el «Programa de Control de Erosión del Suelo”.

Combatiendo la Erosión Mediante la Revitalización del Suelo

De 2018 a 2021, el «Programa de Control de Erosión del Suelo» introducido por Jacha Inti creó 315 parcelas demostrativas que incluían sitios para probar enmiendas de suelo, cultivos de cobertura y barreras contra el viento. Las parcelas demostrativas sirvieron como modelos para la producción sostenible de quinua. Se construyeron barreras contra el viento utilizando arbustos nativos de «Thola» para combatir la erosión y proteger los campos de quinua.
El programa se centró en reintroducir materia orgánica en el suelo a través de enmiendas, como las cáscaras de quinua (previamente desechadas), paja y estiércol de llama. Además, inicialmente se plantó un cultivo de cobertura de lupino nativo, pero el programa evolucionó al descubrir que las plantas de pasto como el triticale y la cebada prosperaban en la región, sirviendo como excelente alimento para las llamas.

Este cambio hacia prácticas regenerativas no solo abordó las preocupaciones inmediatas de erosión y degradación del suelo, sino que también profundizó la comprensión del papel fundamental que juega la salud del suelo en la vitalidad general de las plantas.

Ubicación y ejemplo del número de parcelas de una de las 169 fincas de pequeños productores en el programa.

El Momento «¡Eureka!»: Descubriendo el Poder de la Vida del Suelo

En promedio, la inclusión de enmiendas del suelo aumentó la materia orgánica en un 20% en las parcelas demostrativas.

Al observar el poder transformador de un pequeño montón de compost rejuveneciendo un campo de producción entero reafirmó el compromiso de Jacha Inti en trabajar en simbiosis con el suelo, aprovechando su productividad natural y equilibrio ecológico.

En 2019, Jacha Inti experimentó una revelación innovadora que revolucionó su enfoque hacia la agricultura. Los agricultores que habían compostado un montón de cáscaras de quinua y estiércol presenciaron rendimientos excepcionales en sus campos de quinua. Plantas vibrantes y resistentes florecieron, evocando recuerdos de la productividad observada en épocas anteriores. Los ancianos de la comunidad recordaron la época en que cultivaban quinua en pequeñas parcelas, confiando únicamente en el estiércol de llamas que pastaban la tierra durante la temporada baja. Este resultado notable llevó a Jacha Inti a consultar a científicos del suelo, quienes enfatizaron la relación esencial entre la salud del suelo y la vitalidad de las plantas.
«Los agrónomos y expertos en suelos llegaron a medir la materia orgánica y los minerales del suelo, pero no encontramos a nadie que nos guiara sobre cómo medir la vida en el suelo», señala José Santa Cruz, quien lidera las iniciativas de sostenibilidad de Jacha Inti.  En ese momento, Swiss Contact apoyó a la empresa con un curso sobre «Soil Web» (red de suelo) que arrojó luz sobre cómo los suelos saludables fomentan una diversa comunidad de organismos vivos, como bacterias beneficiosas, hongos, nematodos, protozoos, microartrópodos, insectos, gusanos y otros, que contribuyen con nutrientes vitales a las plantas en un esquema de depredador/presa (llamado cadena alimentaria).

La comprensión de que los pesticidas y fungicidas sintéticos son perjudiciales tanto para los organismos dañinos como para los beneficiosos reforzó la necesidad de un nuevo enfoque libre de «guerra química», fomentando una convivencia armoniosa entre la agricultura y las capacidades inherentes del suelo.

De la Agricultura Convencional a la Regenerativa

En la primera mitad del siglo XX, los investigadores en Europa, buscando reducir las enfermedades relacionadas con la dieta, comenzaron a descubrir el vínculo entre nuestra alimentación y la salud del suelo en el que crecen las plantas. Cuando el mundo se sumió en las dos Guerras Mundiales, en lugar de estudiar la salud del suelo, los científicos enfocaron sus esfuerzos en desarrollar productos químicos de producción industrial para combatir los crecientes problemas que enfrentaban los agricultores. Se adoptó un enfoque de guerra basado en productos químicos, con pesticidas, fungicidas, herbicidas y fertilizantes a la cabeza.

Avancemos 70 años y nuestro mundo sigue enfrentando suelos cada vez más pobres. Las Naciones Unidas estima que aproximadamente el 33% de los suelos del mundo están dañados y se proyecta que esa cifra aumentará para 2030. El suministro de alimentos de hoy depende químicamente y el mundo está viendo niveles récord de enfermedades causadas por la dieta. Los científicos, investigadores y las principales empresas alimentarias están recurriendo una vez más a la vida en el suelo como una solución para la salud de las plantas y los consumidores. Como bono, los suelos saludables son poderosos aliados en la reducción del calentamiento global, ya que capturan millones de toneladas de carbono al año. Este nuevo enfoque de trabajar en colaboración con la fuerza creativa de la naturaleza se llama «agricultura regenerativa”.

Una de las características distintivas de los programas de Agricultura Regenerativa es que los agricultores ya no necesitan insumos externos. Como resultado, experimentan una mayor libertad financiera, rompiendo el ciclo de endeudamiento para comprar fertilizantes o pesticidas. Este cambio en las prácticas agrícolas es fundamental en el frágil ecosistema del altiplano, donde el auge de la producción de quinua ha causado importantes consecuencias ambientales.

«Aproximadamente un tercio de las tierras de la región ya ha pasado de ser marginal a desierto debido al uso de tecnologías inadecuadas, como el arado con discos y pesticidas y fertilizantes sintéticos», señala Raúl Esprella, el jefe agrónomo de la empresa encargado de las certificaciones orgánicas y regenerativas. Jacha Inti está haciendo una audaz inversión en agricultura regenerativa para detener -y revertir- la degradación del suelo en el altiplano sur.

El Futuro de la Quinua: Abrazando la Agricultura Regenerativa

Después de 7 años de pruebas, Jacha Inti y un grupo de 6 asociaciones de pequeños agricultores en el altiplano sur de Bolivia están alcanzando finalmente los estándares de Certificación Orgánica y Regenerativa. Oscar Saavedra, el CEO de la empresa, explica:

«Este año (2023), los agricultores del programa producirán 1,800 toneladas de quinua regenerativa certificada. Eso ya representa el 3% de la producción de quinua de Bolivia y no nos detenemos ahí. Queremos demostrar que esto funciona a gran escala y que es el camino responsable hacia adelante. Es así como los pequeños agricultores obtendrán una ventaja y seguirán siendo competitivos en la industria de la quinua globalizada”.

La transición hacia lo regenerativo involucra a todas las partes de la cadena de suministro, desde los agricultores hasta los procesadores, las empresas alimentarias e incluso los supermercados. En Europa, Jacha Inti ha recibido el apoyo de Rhumveld, una casa comercial holandesa de productos básicos, que garantiza un mercado para una gran parte de la producción certificada y proporciona apoyo financiero durante 3 años para ayudar a los agricultores en la transición hacia lo regenerativo. En Bolivia, Jacha Inti cuenta con el apoyo de financiadores como Capital + SAFI, quienes invierten en la transición hacia una economía sostenible.

Para 2026, los agricultores del programa serán independientes, disfrutarán de mayores ingresos con un aumento proyectado del 50% en los rendimientos y casi ningún costo en insumos. Su producción también será considerada un sumidero de carbono, fijando el carbono atmosférico en el suelo. También protegerá a los agricultores del cambio climático, ya que el suelo con más materia orgánica retiene más agua, reduciendo el impacto de las lluvias tardías.

Conclusión

En este viaje desde la degradación del suelo hasta la regeneración, Jacha Inti ha descubierto el poder transformador de la agricultura regenerativa. Al adoptar prácticas que restauran y nutren la salud del suelo, la empresa no solo está revitalizando la tierra, sino también empoderando a los pequeños agricultores para prosperar en la industria globalizada de la quinua. Las tres principales lecciones aprendidas de este viaje son:

  1. Potencial Transformador de la Agricultura Regenerativa: La agricultura regenerativa ofrece un enfoque revolucionario para la agricultura que se centra en restaurar la salud del suelo. A través de prácticas que minimizan los insumos sintéticos, promueven la biodiversidad y mejoran la fertilidad del suelo, los agricultores pueden recuperar tierras degradadas y construir sistemas agrícolas resilientes.
  2. La Quinua puede ser un líder reconocido en el movimiento de alimentos sostenibles: Jacha Inti, como procesador y exportador de quinua boliviana, es un pionero en la agricultura regenerativa. Su compromiso inquebrantable con las prácticas regenerativas no solo ha mejorado la salud del suelo, sino que también ha elevado la calidad de vida de los pequeños agricultores en el competitivo mercado global de la quinua.
  3. Impacto Amplio en la Agricultura y el Planeta: Más allá del éxito de Jacha Inti, la adopción de la agricultura regenerativa tiene implicaciones de gran alcance. A medida que más empresas y agricultores adopten estas prácticas, podemos vislumbrar la recuperación de los suelos dañados, la restauración de los ecosistemas y un futuro más sostenible para la agricultura y el planeta. La agricultura regenerativa ofrece un camino poderoso y esperanzador en medio de los desafíos ambientales.

La historia de Jacha Inti ilumina las posibilidades de una convivencia armoniosa con la naturaleza, mostrando cómo la agricultura regenerativa puede revolucionar nuestro enfoque hacia la producción de alimentos y el cuidado del medio ambiente.

A medida que más actores se unan a este movimiento, estamos preparados para presenciar un futuro en el que se renueva el suelo, los ecosistemas florecen y las comunidades prosperan, promoviendo un mundo más nutritivo y sostenible para las generaciones venideras.

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